domingo, 2 de octubre de 2016

     A veces me resulta muy complicado hablar de mi vida, porque no sé exactamente lo que recuerdo y lo que es producto de mi imaginación. La verdad puede ser anodina y es por eso, que sin darme cuenta, la modifico o la exagero sobre todo con las cosas malas que me gustaría olvidar y les doy un toque de color, aunque en mi interior sean las más tristes. 

     Cuando escribo también sucede. Mi escritura es un conjunto de garabatos que ni yo misma logro descifrar. Dicen que escribir es como andar en bicicleta; no se olvida, aunque pasen años sin que uno practique. Trato de avanzar en orden cronológico desde mis primeros recuerdos, me voy por las ramas y no hay modo de volver a empezar. Mi memoria parece que se mueve en círculos, espirales y saltos de trapecista.

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