sábado, 20 de mayo de 2017

     Hace muchos, muchos años era normal introducir las palabras en un hilo para guiarlas y evitar que se perdiesen por el camino hacia su destino. Los tímidos solían llevar un carrete en el bolsillo, pero la gente pensaba que también lo necesitaban los intrépidos que hablaban a gritos, porque muchos no saben hacerse oír por uno solo. La distancia física entre dos personas que estuvieran usando el hilo no tenía por qué ser larga; a veces, cuanto más corta la distancia más necesario era el hilo.

     La idea de colocar vasos en los extremos del hilo llegó mucho después. Hay quien dice que se debió al incontenible impulso de acercarnos caracolas a los oídos, para oír el eco de la primera expresión del mundo. Otros aseguran que la inició un hombre que sostenía el extremo de un hilo que iba soltando por el océano una chica que se fue a América.

     Cuando el mundo se hizo más grande y ya no hubo suficiente hilo para impedir que las cosas que la gente quería decir se dispersaran en el vacío, se inventó el teléfono.

      A veces, no hay hilo que sea lo suficiente largo para que uno pueda decir lo que debe. En tales casos, lo único que puede hacer ese hilo, cualquiera que sea su forma, es conducir el silencio de una persona.

miércoles, 17 de mayo de 2017

      Hace dos años aprendí a renunciar al amor propio en mi vida cotidiana y resultó ser una de las lecciones más importantes en mi vida. Dejé de considerar mi aspecto físico como el centro del universo. En su lugar, empecé a sentir curiosidad por lo que encontraba al examinar a la gente por su andar, sus movimientos, por su forma de hablar... Empecé a buscar maneras de disfrutar de la vida, al lado de mi Juan.

     Y actualmente con él me siento guapa y querida, muy muy querida. Cuando me atrae hacia él y coloco mi cabeza en su pecho, mi oído escucha los latidos de su corazón y huelo el olor a hogar que tanto lo caracteriza y eso me calma, como si estuviera protegida de cualquier peligro posible.

    Además él es el único que sabe tranquilizarme y siempre termina averiguando lo que me pasa aunque yo no se lo diga. A su lado mi corazón rebosa emoción y me doy cuenta de que estoy irremediablemente enamorada de él.

     A veces somos tan parecidos y otras tan diferentes... Aún así, y aunque suene cursi decirlo, creo que nuestras almas están entrelazadas y el resultado lógico de esa especial conexión que nos une es ésa clase de amor altruista. Por una vez en mi vida, y día a día, estoy experimentando algo genuino y sincero, tierno y bonito.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Hace unos días leí un libro dónde el protagonista tras ver un cartel en un bar de cosas que le gustaban a la gente y cosas que no le gustaban, hizo su propia lista con las cosas que le gustaban y las que no. Después de leer eso, yo me propuse hacer otro tanto. 

Me puse a pensar y ésto es lo que saqué:

COSAS QUE ME GUSTAN
El olor de la primavera y el de un árbol de flores grandes y blancas por el que paso siempre y me gusta apreciar. También el de la tierra húmeda. El olor a café. Y el de los libros, ya sean nuevos o viejos.
También la gente que entiende el concepto "del olor a frío".
El sonido que hacen los pinos y los eucaliptos cuando hay mucho aire.
Calentarme las manos con una taza de café.
Los abrazos largos.
Escribir sobre la piel de Juan y apoyarme sobre él y sentir los latidos de su corazón, me da paz.
El acento italiano.
El arte de Sorolla y Monet.
Pasear, preferiblemente sola, cerca del mar.
Las personas inteligentes.
El color azul y el violeta.
Los atardeceres.
Tomar duchas largas con agua muy caliente.
Las tardes en las que diluvia y ver una película con manta y tomando algo caliente.
Las rosas o los claveles de cualquier color.
Perderme en una biblioteca, en una tienda de manualidades o de bellas artes.
La gente que quiere dejar un legado o la que quiere seguir mejorando día a día.
Viajar.
Escuchar a los pájaros mientras leo, escribo o dibujo.
Remi y a los gatos.
Mis abuelos.
Y por último, respirar hondo y sentirme libre y agradecida por todas las cosas bonitas que tengo en mi vida.

COSAS QUE NO ME GUSTAN
Los tacones. El llanto desesperado de un bebé, un niño o de un adulto. La carne cruda. Tener que esperar. Las enfermedades. Las aglomeraciones de gente. No saber afrontar mis miedos. La contaminación. Tampoco me gusta la gente que no recicla. Las personas muy ruidosas. Ni las que se preocupa por los demás. Ni la gente conflictiva.